PATOLOGÍAS FAMILIARES Y POLÍTICA DE AYUDA A LA FAMILIA

Patologías familiares:

Los inconvenientes y ventajas de la familia como institución, su oportunidad y sus disfunciones de la vida social, suelen plantearse con independencia de la normalidad o anomalía de su funcionamiento interno. Ahora bien, hay casos en que la familia, por un mal enfoque de sus funciones y una mala actuación de sus miembros, genera en su seno unos problemas que, a la fuerza, puede que repercutan también en la sociedad.
   

PSICOTERAPIA FAMILIAR SISTEMICA:La terapia familiar sistémica se inició en la década de los 50, rompió con el modelo psiquiátrico tradicional e individualista. Plantea como unidad de análisis la relación humana tal como se da en la vida familiar. La terapia sistémica se centra en el paciente no en solitario sino en su contexto social primario, Amplía el foco trasladándose del individuo al individuo en un complejo contexto de relaciones. El primer objetivo es citar a todos los que quieran venir, en el contexto que quieran y que les permita estar libres para hablar con el terapeuta. * Técnicas:- Redefinición: La redefinición implica cambiar la relación entre causa y efecto del problema o queja. Su meta es cambiar la definición de un problema para que se vuelva solucionable. - Prescripción del síntoma: Consiste en hacer que se comporte como ya lo estaba haciendo; por lo tanto la conducta sintomática ya no será espontánea. - Tareas post o intra sesión: Las «post sesión» son aquellas tareas que se mandan hacer entre sesión y sesión, y las «intra» son aquellas que se hacen durante la entrevista. - Asignación de tareas: Promover rutinas nuevas, alianzas nuevas, quebrar reglas… en la persona para lograr el cambio. La tarea tiene que encuadrar en los miembros de la familia para que estos acepten realizarla. Tienen un objetivo claro y preciso, un tiempo limitado, para poder luego ser evaluadas; y deben estar justificadas teniendo en cuenta los estados emocionales y códigos de la familia.- Reencuadre: Se trata de descubrir las secuencias disfuncionales y buscar nuevos significados o vinculaciones posibles de las mismas. - Desequilibramiento: Provocar una crisis: El objetivo es introducir novedad, variedad, y diversidad en la organización de la familia. Una crisis genuina, se produce en caso de ser cuestionadas y bloqueadas las estrategias usuales de reducir tensión. - Intervenciones paradójicas: Prescripción de un modo controlado y especifico aquello que constituye el problema. Como: petición de un cambio lento, prescripción de no cambio, prescripción del síntoma ( que desarrolle los síntomas en una situación determinada) http://www.animacion.synthasite.com http://animacioncursos.com http://pinterest.com/animacioncursos https://animacioncursos.jux.com http://www.facebook.com/animacioncursoshttp://www.youtube.com/user/animacionservicios http://twitter.com/cursosanimacion


El conflicto:
   
Donde hay relaciones humanas hay conflicto. Y cuanto más estrechas son esas relaciones, más difíciles resultan y, por lo mismo, más reiterativo y más intenso puede ser el conflicto. Es frecuente que este estalle en el seno de la familia. Dentro de una familia se pueden dar tres tipos de conflictos, a tener muy en cuenta por el Educador, en el momento de su intervención:

a) Conflicto juvenil: Establecido entre hijos y padres, que tiene que ver con el ejercicio de la autoridad paterna y, otras veces, con una falta de oportunidades profesionales para los jóvenes, cosa que les impide dejar el hogar paterno en un momento en que la dilatada permanencia en el mismo engendrará inevitables tensiones.

b) Conflicto femenino: Por cuestiones de la distribución del poder y del trabajo entre varones y mujeres dentro del hogar; se da especialmente cuando hay madres jóvenes a quienes resulta difícil compaginar su vida de trabajo externo con sus labores en el hogar.

c) Conflicto con la tercera edad: Con ocasión de la presencia de personas mayores en el hogar; ahora bien, este conflicto no es causado por el envejecimiento, sino por una sociedad y unos hijos que no saben encontrar solución al problema y lo que hacen es apartar a las personas mayores.

Vamos a prestar mayor atención al segundo de los conflictos, que suele ser el más frecuente y el que reviste mayor gravedad. Proviene de las tensiones de rol y de estatus que se crean entre hombre y mujer dentro del matrimonio o pareja. Ya biológicamente la relación sexual macho-hembra supone una inversión que para la hembra resulta más costosa. Por otro lado, la madre viene más sujeta a la cría de la prole, con lo cual el macho queda más libre para la función de fecundar nuevas hembras. Paralela y analógicamente, también en la especie humana la mujer ha de hacer una mayor inversión que el hombre en la vida sexual. Una consecuencia es la «hipergamia», concepto que explica la práctica femenina de emparejarse con hombres de mayor calidad, prestigio o estatus que la mujer. En todo caso queda patente que en el emparejamiento humano suele haber alguna desigualdad, que trata de solucionarse con algún tipo de estrategia de compensación, hasta el punto de que se llega a decir que «en el caso de las mujeres , su mayor pobreza con respecto a los hombres y su conducta de capitulación en la vida familiar no indican más que una escasa capacidad de negociación con los hombres y una deficiente conducta de salvaguardia» (Francisco Cabrillo y Mª Luisa Cachafeiro, 1993). Pero también podemos ver que tal juicio es parcial, pues olvida tanto las causas sociales del hecho como el deber que tiene el hombre de contraer matrimonio con una actitud no sólo de justicia sino también de benevolencia con respecto a su pareja.


    Las tensiones dentro del hogar ponen a prueba el grado de madurez de sus diversos miembros, pues es únicamente ésta la que permite superar aquellos conflictos de un modo positivo. Mas, como la madurez humana es un bien escaso, a menudo hay personas que no la tienen y, entonces, el conflicto estalla entre ellas de un modo agresivo. Y esta agresividad engendra, en los casos más negativos, el triste fenómeno que conocemos como violencia doméstica.
   

Violencia doméstica:

Dicha patología comprende los malos tratos entre cónyuges, a menores y a ancianos dentro de la familia. Esa violencia puede ser física, psíquica y sexual. Uno de los principales problemas de este tema, para su tratamiento, es el desconocimiento que hay del mismo, porque a menudo los que sufren maltrato familiar no tienen la posibilidad o la valentía de denunciarlo. Esa violencia existe en todas las clases sociales, pero aflora más frecuentemente en las clases sociales más desfavorecidas.

«Los estudios consultados revelan que la violencia se transmite de generación en generación; de las agresiones familiares nacen agresores o víctimas (...) Una nota típica de hombres agresores es la creencia de tener el derecho de controlar a sus mujeres, por lo que utilizan la violencia como un mecanismo de ese control. Un elemento común en las mujeres víctimas de malos tratos es el largo tiempo que los soportan» (C. Ganzenmüller (1999).

Podemos hablar de dos tipos de violencia familiar:

a) Violencia-agresión (o violencia simétrica), en la cual la persona agredida es agresora a su vez, y así las disputas se van sucediendo tras periodos de calma.

b) Violencia-castigo (o violencia asimétrica), en la cual la violencia toma la forma de castigo de una persona hacia otra de menor categoría (por ejemplo, negligencia, torturas o falta de cuidados). En este tipo de violencia no hay pausa; el que la inflige la considera como un derecho personal, y el que la recibe tiene baja autoestima, por lo que dicha violencia suele permanecer oculta; el causante de dicha violencia no suele tener sentimiento de culpabilidad.

    Se habla de un ciclo de violencia doméstica, pues dicha violencia (sobre todo entre la pareja) suele pasar por varias fases sucesivas:
   
- 1ª fase: Las tensiones se construyen a partir de pequeños incidentes o conflictos, que ocasionan frustraciones
- 2ª fase: El agresor pasa a la acción con agresiones de determinado tipo.
- 3ª fase: De calma. El agresor intenta mostrarse cariñoso con la persona agredida, consiguiendo así mantener su relación personal con ella; pero este periodo de tranquilidad se rompe ante una nueva situación tensa que favorecerá la reaparición de la conducta agresiva, con lo cual el ciclo volverá a empezar.

La superación de estos problemas de la familia, u otros, no puede ni debe venir desde fuera, sino que ha de ser a través de los propios individuos que la componen. En el fondo son problemas de relación, y sólo mejorando esa relación podrán solucionarse.
   

Política de ayuda a la familia:

En el interior de la unidad familiar pueden plantearse dilemas como el de si los padres han de sacrificar su comodidad a asegurar la de sus hijos, o el de si estos, cuando tienen los padres ya ancianos, han de sacrificar a los mismos su éxito profesional, conyugal o paternal. La solución de esos dilemas depende del tipo de inserción que la familia tenga en la estructura social:

- Con un nivel medio de recursos externos, la conducta de sus miembros será elástica, es decir, se adaptará a los cambios ambientales del contexto socioeconómico.
- Si el nivel de recursos de la familia es superior a un cierto umbral de riqueza o bien inferior a un determinado umbral de pobreza, en tal caso ya no hay elasticidad ni dilema, sino sólo rigidez familiar.

La rigidez impide reaccionar positivamente a los conflictos, que sólo pueden resolverse poniendo en juego una notable capacidad de adaptación. La flexibilidad, pues, es una garantía del éxito del buen funcionamiento de la familia y, por lo visto, está condicionada también a las posibilidades económicas de ésta. Por tal motivo la sociedad, que conoce la importancia en ella de la familia, cuida a ésta para que como institución se mantenga en un buen equilibrio, y procurar hacer una buena política de ayuda social a las familias.

    Dicha política comienza ya por orientar a las familias en el crecimiento que se espera de ellas, en vistas al equilibrio social de diverso tipo. Cuando ha habido necesidad de un aumento de la población, el Estado alienta la aparición de familias numerosas; en otros casos lo que hace es aconsejar la limitación de nacimientos; a menudo se ha aconsejado la tendencia al «crecimiento cero» de la familia, consistente en que cada pareja tenga únicamente dos hijos.

    De todos modos no actuaría bien el Estado que en esto presionara demasiado a sus ciudadanos, en vez de ayudarles a usar bien de su libertad y responsabilidad individuales. Ya lo dice I.  Alberdi (1995): «es preciso reconocer que unas relaciones familiares basadas en el libre consentimiento de sus miembros, que las ante programan a voluntad, como las modernas, son mucho más relacionales que las premodernas, basadas en la coacción o en la necesidad, puesto que permiten mucho mayor margen de maniobra a la hora de elegir mantenerlas, revocarlas o intentar modificarlas, en función de la mucha mayor variedad de alternativas que existen para ellas; este incremento de la libertad de elección racional en materia de comportamiento familiar resulta esencial».

    En el cuadro adjunto se puede apreciar que, en general, los países hacen un generoso esfuerzo por apoyar a la familia, y resulta extraño cómo nuestro país queda tan atrás en este asunto.


Todos los socialistas utópicos (Platón, Campanella, Owen) han proyectado la reforma o, más aún, la supresión de la familia en la sociedad: pero uno sólo que realmente la efectuó (Lenin, en la Rusia comunista) acabó con ello en el más estruendoso fracaso, hasta el punto de que su sucesor (Stalin) tuvo que hacer marcha atrás y volver a recomendar la familia tradicional, pues, aunque las intenciones eran buenas (eliminar el patriarcalismo, emancipar a los hijos y liberación de la mujer), la familia parece ser una institución natural cuyos cambios han de ser producidos por los cambios de la naturaleza misma, es decir, de la propia sociedad en su evolución histórica.

No podemos olvidarnos de hacer mención a la intervención pública del Estado, ya que está para regular la sociedad de tal modo que logre sus fines, por encima de las dificultades o problemas que dificultan ese propósito. En este sentido, el Estado sin forzar totalmente a la familia ni imponerle fines alíenos a la misma, la coaccionará en cuanto haga falta para que llegue a cumplir con los fines de ella, pese a los obstáculos que se interpongan.

Entendemos, pues, que una buena política familiar es necesaria, en la medida en que la sociedad humana no se halla en una situación ideal en la que la consecución de sus fines se logra de un modo fácil y espontáneo. La única condición requerida es que tal intervención se haga democráticamente, es decir, no sólo respetando los intereses de los individuos, sino haciendo que estos participen en las medidas reguladoras que se tomen.

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Los alumnos que estén realizando o hayan realizado el curso de Educador Familiar (300 h.),  solamente deben realizar el Módulo 2 y 3. El alumno puede matricularse en los tres módulos a la vez o de uno en uno.

 



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