FUNCIONES DE LA FAMILIA

 

La cuestión de las funciones de la familia es un tema de esencial importancia, y de una gran calidad en Sociología y, de forma puntual, para los profesionales de la Educación Familiar.

Para la Sociología, es un tema determinado e importante porque permite calificar a la familia y considerar el valor de ella como institución y, además, juzgar de la oportunidad de su evolución y, según han querido indicar algunos, hasta de su desaparición. Esto último es cuando se constata que la familia actual «ha ido perdiendo sus funciones clásicas, con lo cual -concluyen algunos sociólogos- vendrá un día en que las habrá perdido todas y, entonces, la familia desaparecerá, pues nada justificará su existencia».

Sabido es que la familia patriarcal ejercía sus funciones de procreación de la prole, procurarle el sustento, darle asistencia y protección, darle educación, integrarla en la profesión y asistirla en la infancia, en la enfermedad y en la vejez. Actualmente, si nos damos cuenta, esas funciones son asumidas por diversas instituciones sociales, sobre todo los Servicios Sociales.

Como profesionales en este ámbito, conocemos que para todas esas funciones, aunque no sean ahora competencia exclusiva de la familia, ésta sigue, sin embargo, desempeñando un notable papel en todas ellas. Por ejemplo, es evidente que la familia sigue teniendo un importante papel en estas tres funciones particulares:

- Estimula la actividad y dedicación profesional, ya que las personas consideran ésta no tanto como medio de supervivencia personal sino, sobre todo, de fundación y sostenimiento de una familia.

- Canaliza el consumo, ya que la mayoría de bienes consumidos (alimentos, vivienda, mobiliario, cultura, libros, espectáculos, turismo, etc) dependen del tipo de miembros que constituye la familia.

- Canaliza las cuestiones sucesorias o de herencia.La influencia de la familia en la vida profesional de los hijos se ve no sólo en los casos en que el hijo o la hija heredan la profesión familiar con su soporte material (taller, industria, despacho, tienda, ...), sino también en el hecho de que es la familia quien da a los hijos el espaldarazo, es decir, el empuje que los orienta hacia tal o cual tipo o nivel de profesión. Es éste un hecho conocido y consistente en que quienes accedan a las profesiones superiores son precisamente aquellos cuyos padres pertenecen también al nivel superior tanto social como profesional (dos cosas que son casi lo mismo). Como dijo I. Alberdi (1995), «tanto los primeros empleos como los posteriores cambios y ascensos se obtienen mucho más a través de la red familiar y de parentesco que a través del mercado, los anuncios en prensa o los agentes de empleo».

Centrémonos en dos de las funciones de la familia más características, que son propiamente suyas, por lo que se refiere a su delicadeza, intimidad o responsabilidad humana; éstas son:

1) Educación de los hijos: sobre todo en ámbitos especiales de la educación, como son la educación del corazón, la educación religiosa o la educación sexual. A este respecto hay que insistir en el papel singular e insubstituible que le incumbe a la madre, pero también al padre. Pensando en la primera, a menudo no se ha prestado bastante atención en el papel educativo del padre. Jacqueline Kelen en 1988 habla de «las treinta y seis maneras de ser padre», bastantes de las cuales se refieren a una frecuente ausencia o fallo del padre en la función educativa. Mas parece que esto se va corrigiendo, y por ello mismo la misma autora, en su libro El nuevo padre (1988:235s), dice que «los padres están de regreso», o sea, que, frente a la ausencia de los padres de antaño en la crianza y educación de sus hijos, desde los años sesenta se ha producido una inversión en ese comportamiento, es decir, podemos apuntar que se ha pasado de un padre a menudo despreocupado por el destino de sus hijos, a los padres que reivindican su derecho a hacer de padre o a quedarse con sus hijos en caso de divorcio.


No podemos rechazar que el padre ha permanecido bastante ausente del hogar en las culturas más bien machistas; pero la sensibilidad de nuestra actual sociedad tienda a superar esas actitudes defectuosas y, con ello, muchos padres se ufanan de dedicarse ellos también a las tareas propias del hogar. Según una encuesta realizada entre los españoles en 1995, el porcentaje de los varones que opinan que tanto hombre como mujer han de trabajar fuera de casa y repartirse las tareas domésticas era de 45 % en el año 1990 y de un 53 % en el año 1994. El porcentaje de los que pensaban en una familia en que la mujer trabaje menos horas fuera de casa y dedique más al cuidado de ésta y de los hijo era de 23 % en el año 1990 y de un 21 % en 1994. Los que piensan que sólo el hombre ha de trabajar fuera de casa y sólo la mujer ha de cuidar del hogar y de los hijos era un 27 % en 1990 y un 22 % en 1995.

2) Una función muy peculiar de la familia es constituir el lugar de la privaticidad humana, es decir, aquel lugar donde la persona puede gozar de intimidad y de una cierta autonomía. Dando un paso más, la familia se presenta como el mejor ámbito para las relaciones humanas, al menos en lo que se refiere a intensidad y afecto. De relaciones familiares podemos hablar de tres tipos:

a) Las heredadas: Vinculan con progenitores y ascendientes.
b) Las conyugales: Vinculan con personas afines y colaterales.
c) Las generadas: Vinculan con los hijos y descendientes.

No son lo mismo todas ellas, pero sí que todas tienen, como rasgos comunes, los que acabamos de recordar.

Vinculado a esta función está el tema de la vida de afecto, de amor, ya que la familia es un grupo especializado en la gratificación afectiva, y donde mejor puede vivirse el auténtico amor humano

En conclusión la familia dirige su actuación hacia:

- La protección psico-social de sus miembros (función interna).
- La acomodación y transmisión de una cultura (función externa).


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