EL SISTEMA FAMILIAR

 

Al hablar de SISTEMA FAMILIAR no hacemos referencia solamente al individuo en su subjetividad, es decir, sistema familiar alude al mismo individuo y sus interacciones y relaciones con los demás. Es decir, entiende que el comportamiento de un individuo no se da aisladamente, sino que tiene sentido dentro de un contexto en el que siempre hay «otros» implicados. Por ello, se puede certificar que su comportamiento está «conectado» de manera dinámica a los comportamientos de las personas con las que se relaciona -en su casa, en su trabajo, en su comunidad, en su sociedad, con el grupo de amigos, etc.-.
    
El contexto más significativo de las personas es la Famila. Desde el modelo sistémico -del que más adelante hablaremos- ésta es entendida como un sistema en el que un grupo de personas interaccionan entre sí, y donde las relaciones entre sus miembros están afectadas y constituidas por una serie de reglas, criterios y normas. Mediante estos indicadores de relación, el sistema familiar se configura como una «totalidad». ¿Qué queremos decir con la palabra totalidad?, simplemente que las reglas dotan al sistema familiar de una identidad propia, fundamental para garantizar su estabilidad y equilibrio interno sin el cual la familia correría el riesgo de disgregarse e incluso disolverse.


Con los aspectos que vamos a ir estudiando en esta Unidad nos daremos  cuenta de que el trabajo con la familia se centra en potenciar los recursos de la misma, para superar sus dificultades o el malestar psíquico de alguno de sus miembros. Por ello mismo, como Educadores Familiares, tenemos que trabajar con el conjunto de la familia, siendo su objetivo el cambio en el sistema familiar, bien en los aspectos estructurales y/ o en la transformación de los procesos interaccionales en disfunción.


1. CONCEPTO, ORÍGENES Y SITUACIÓN ACTUAL DE LA FAMILIA

Son muchos los aspectos que podemos abordar dentro de lo que es el tema de la  familia:


1.1. Concepto y aspectos a considerar de la familia:

Como definición de familia: «conjunto de personas ligadas por lazos de parentesco determinados en virtud de alguna relación consanguínea real o putativa» (Berenstein).

Las relaciones de las personas dentro de un nexo se caracterizan por la influencia recíproca, directa, intensa y duradera sobre la experiencia y la conducta de los unos sobre los otros. El sistema familiar tiene como mínimo tres órdenes de relación, que cabe citar:

- Relación de consanguinidad (hermano-hermana).
- Relación de alianza (marido-mujer).
- Relación de filiación (padre/madre-hijo).

Son de gran importancia estas relaciones familiares mínimas porque en el transcurso de la existencia del individuo, se entrelazan progresivamente la diversidad de relaciones que  contribuyen a formar a la persona adulta madura. Desde que el niño crece en la familia estructurada como un sistema abierto, que posibilita el intercambio con el mundo externo e incrementa el ingreso de información.

La persona, como integrante de una familia, es partícipe de su desarrollo a través del ciclo vital. Hay situaciones puntuales que estructuran el ciclo de la vida constituyéndose en un contexto determinante para los miembros del sistema familiar.

La familia no es estática; por ejemplo, al producirse el episodio de la enfermedad, se experimentan momentos de inseguridad emocional y como el enfermo es un integrante del sistema familiar propio, se produce una transformación de todo el sistema, que lleva a adquirir nuevas pautas de organización. Los otros miembros, en forma inevitable, al ser partícipes de toda la dinámica familiar,  responden de alguna manera,  mostrando respuestas positivas o negativas. Frente a la dependencia que se comienza a experimentar tras la afección producida se ve que todo el grupo familiar no está exento de esta situación y necesita reestructurarse, donde la figura del Educador Familiar es clave.

Según Minuchin y Firchman, el sistema familiar tiende al mismo tiempo a la conservación y a la evolución. Las exigencias del cambio activan los mecanismos que contrarrestan la atipicidad, pero el sistema evoluciona hacia una complejidad creciente. Aunque la familia sólo ondula y fluctúa dentro de ciertos límites, posee una capacidad asombrosa para adaptarse y cambiar, manteniendo sin embargo su continuidad.

    
1.2. Orígenes de la familia

No cabe duda de la antigüedad de la institución familiar. Ya el Génesis nos habla de los primeros padres Adán, Eva y sus hijos, Caín y Abel, entre otros, sin duda. Es la primera familia de la humanidad conocida documentalmente. Con el tiempo, indudablemente, esta primera familia nuclear debió evolucionar en su forma y funciones, condicionada por las circunstancias de sociedades cazadoras y agrícolas, por la aparición de nuevas etnias, por el factor sociocultural, en definitiva, y por el alejamiento de aquella primera institución, cuya memoria perduraría en unos y se perdería en otros.

Refiriéndonos a la Roma clásica, podemos decir que la familia era un cuerpo social, la llamada familia agnaticia, un grupo de personas y cosas, representadas por el pater familias. Con el tiempo el concepto evolucionó hasta convertirse en la familia doméstica, unida por vínculos de consaguinidad, que daba paso a la familia cognaticia. Era, en sentido jurídico, una unión de personas por vínculos matrimoniales o de parentesco; personas que vivían bajo el mismo techo o un grupo constituido por el padre, la madre y los hijos.

La familia, por otra parte, ha sido definida de distintas maneras porque así es su variedad y multiplicidad, conceptos que podemos ampliar en el punto que estudiaremos más adelante y que corresponde a las nociones principales de familia.


Sin duda, antiguamente la familia era una institución formal de la sociedad, y hasta podríamos hablar de una familia sin amor o con poco amor. A partir del s. XVIII los adultos modifican su concepción de la infancia y le prestan una atención nueva, pero la familia que se caracteriza por la ternura y la intimidad que une a los padres con los hijos no comienza, según P.  Ariés, sino hasta mediados del s.XVIII; concretamente dice este autor, hacia la década de 1760-70, que es cuando la condición del niño como «rey de la familia» se torna centro de atención y de cariño de los mayores ,  afianzándose en las clases ascendentes de la burguesía. Es Rousseau quien, al publicar el Emilio en 1762, cristaliza las nuevas ideas y, con ello, imprime un nuevo impulso en la familia moderna.

Son muchos los estudios realizados y bibliografía existente sobre los orígenes de la familia, para profundizar sobre este tema y analizar y comparar aspectos que nos puedan ser de interés a nivel personal.


1.2.1. Nociones de Familia

Aunque ya hemos examinado algunos de los aspectos clave de la familia como sistema, a continuación exponemos otras clarividencias y percepciones que pueden ser de gran interés, aunque sean apreciaciones demasiado teóricas y cuantitativas, ya que están basadas en datos reales.

Para analizar este apartado se ha tenido en cuenta una fuente de gran relevancia, como es el Censo. Está considerada como una de las fuentes sociodemográficas más completas que existe, dada su cobertura y la variedad de información que llega a recopilar periódicamente. Aunque el principal objetivo del Censo sea realizar un recuento de la población para así obtener conocimiento sobre la estructura de la población, la cantidad y variedad de preguntas que se incluyen en el cuestionario,  posibilitan acceder además de a información sobre aspectos intrínsecos de las personas (edad, sexo), a otras cuestiones más generales como son: información acerca de la composición familiar sobre cuya cuestión, se pueden advertir, cambios significativos en la definición del término “familia”.

Remontándonos a 1960, todavía no se recoge información referente a los tipos de núcleos y las formas familiares en la que se distribuye la población. Es en 1970 cuando se comienza a recoger información sobre las familias y los núcleos familiares, aunque no se ofrecen datos desagregados por edad y sexo de los componentes de dichas familias.

En 1970 por ejemplo, la familia es definida como «…el grupo de personas, vinculadas generalmente por parentesco que hacen vida en común, ocupando normalmente la totalidad de una vivienda… incluidos, en principio, los huéspedes no familiares a los que se cede el uso de una o más habitaciones de la vivienda, así como otras facilidades (teléfono, baño, etc.), y a los que generalmente se presta servicios tales como arreglo y limpieza de la habitación, lavado de ropa, alimentación…» . Esta concepción de familia también incluye a las personas que viven solas, denominadas familias unipersonales

 

La definición que ofrece el Censo en 1981 básicamente no difiere de la anterior, aunque se precisa la situación del servicio y de los huéspedes: en 1970 a los huéspedes no familiares se les cede el uso de una o más habitación, equipamiento de la misma y se les presta servicios tales como el de la lavado de ropa o limpieza de la habitación. La condición de los huéspedes o personal de servicio para formar parte estadísticamente de la familia en 1981 es que pernocten en la vivienda. Pero el cambio más significativo se produce en el censo de 1991 y en su concepción de familia. Por un lado, la familia se define como «…el grupo de personas (dos o más) que residiendo en la misma vivienda familiar, comparten algunos gastos en común (que difiere de la vida en común de los anteriores censos) y están vinculadas por lazos de parentesco…(no sólo generalmente vinculados por lazos de parentesco)».

Otra de las disparidades la encontramos en la forma de considerar a las personas que viven solas. Mientras que hasta 1981 se las consideraba igualmente familias (sin núcleo), en 1991, con la incorporación de un nuevo concepto, el de hogar, las antiguas familias unipersonales dejan de concebirse como tales, y pasan a constituir hogares unipersonales, ya que en 1991, se subraya, para poder formar una familia, el cumplimiento del requisito de constituir un grupo de personas (dos o más). Por otro lado, el “hogar” se define como «…el conjunto de personas que residiendo en la misma vivienda comparten gastos comunes ocasionados por el uso de la vivienda y/o gastos de alimentación».

Las principales desigualdades que encontramos en estos dos términos son:

Además de las definiciones que hemos ido recogiendo por el Instituto Nacional de Estadística, el Eustat, que comenzó a publicar y difundir estos datos a partir de 1981, también proporciona información censal, que en algunos casos presenta diferencias con las que publica el INE. Es el caso de las definiciones de “familia” y “hogar” de 1991.

En la definición de familia de 1991 y 1996 el Eustat mantiene que la familia está «… vinculada generalmente por lazos de parentesco… hacen vida en común…», incluyen en esta definición a «…las personas que viven solas, como familias unipersonales» y también, en el padrón de 1996 a «…las familias residentes en establecimientos colectivos… las personas del servicio doméstico que pernoctan en la vivienda y los huéspedes en régimen familiar».

Por tanto, la concepción de familia de este Instituto es bastante más amplia que la que presenta el INE a partir de 1991. Por otro lado, también introducen el concepto de «hogar», como «el total de personas que ocupan o residen en una vivienda principal, independientemente del parentesco entre ellos…».

El Eustat no hace ningún tipo de mención sobre los gastos a compartir y considera que «… en un hogar puede haber dos familias o más cuando haya dos o más grupos familiares sin relaciones de parentesco entre ello».

Resulta conveniente por lo tanto, tener en cuenta las desigualdades existentes en torno a los conceptos de “familia” y de “hogar”, en función de la fecha en el que se ha llevado a cabo la recogida de datos y la institución que los presenta e intentar, de este modo, adaptar y homogeneizar dichos conceptos en los casos en los que se pretendan realizar trabajos comparativos, por ello proponemos que como Educador Familiar, reflexiones sobre los diferentes conceptos y definiciones de familia y hogar, analizando las ventajas e inconvenientes de cada una de ellas para una óptima evolución de la familia, y de este modo, te proponemos que elabores tu propia definición de familia.

    
1.3. Situación actual de la familia

La familia española actual no es ajena a la evolución experimentada en muchos órdenes en el mundo occidental. La rapidez de los cambios de las últimas décadas, la tasa de divorcio, que se ha duplicado, la de nupcialidad que ha caído, aunque ahora viene recuperándose, la de natalidad, que llegó también a mínimos sorprendentes (aunque en ligero incremento en los últimos tiempos), la incorporación de la mujer al mundo del trabajo con la consiguiente repercusión en la vida familiar, etc.

Pese a los datos que podemos analizar a continuación, parece que actualmente hay una evolución hacia actitudes más tradicionales con un significativo incremento de bodas y nacimientos y una disminución de divorcios.

Prácticamente la mitad de la población española es soltera, pero solamente entre un 10 y un 12 % permanece en este estado civil a partir de los 30 años. Entre los 30 y los 65 años la mayor parte de la población está casada. Podríamos decir, en rasgos generales, que a partir de los 30 años casi el 90 % ha formado su propia familia.

De la familia tradicional española, la extensa (formada por varias generaciones) ha derivado hacia el tipo nuclear reducido, constituido por padres e hijos. Así, pues, su tamaño es diferente al de antaño debido a varias causas, entre las que destacaríamos la disminución de la tasa de fecundidad, la incorporación de la mujer al trabajo fuera de casa, la vivienda y, en general, los nuevos cambios acaecidos en razón de la tecnología y las nuevas formas de vivir.

 

Por otra parte, también se dan variaciones importantes dentro de la propia España en sus distintas regiones o comunidades, entre zonas urbanas y rurales, debidas probablemente, a las diferencias en las pautas de fecundidad.

Es cierto que muchas de las costumbres introducidas a partir de la guerra civil española hasta ahora han hecho variar algunas condiciones, tales como la edad en que se accede al matrimonio (actualmente las mujeres entran a los 24,5 años de edad mientras que los hombres lo hacen a los 26,4 años). Igualmente, la duración del intervalo fecundo se ha acortado de una manera significativa. A principios de siglo las mujeres invertían 12,7 años en tener sus 4,71 hijos, en tanto que ahora el tiempo se ha reducido a 7,5 años para tener 2,5 hijos.

Todo ello significa que la familia española está sufriendo los cambios generales que se producen en el mundo europeo, especialmente, aunque con diferencias específicas propias de nuestra idiosincrasia y con otras diferencias menos sensibles en las diversas regiones o comunidades.


1.3.1. Aspectos generales

Antes de comenzar con el desarrollo del apartado que nos ocupa, hemos  considerado de relevancia reflexionar sobre algunas preguntas de interés, que ya analizó con detenimiento Jutta Burggraf  en una entrevista perpetrada por Francisca R. Quiroga.

Nos comprometemos a tener en cuenta las múltiples fuentes que analizan esta cuestión bien a través de encuestas, entrevistas o sondeos, y que posteriormente es fácil que leamos bien en la prensa, en libros, o los escuchemos con detenimiento en los medios de comunicación. Uno de los asuntos principales en relación a esta temática es que se habla, se comenta, que la familia está en crisis, y es cierto que pensamos si ...

a) ¿Es una figura social en extinción?: No se puede negar que son muchos los pronósticos desfavorables que indican hoy en día que la familia sigue siendo apreciada y valorada, porque satisface necesidades tan elementales en el hombre como el anhelo y el empeño de sentirse protegido y de tener confianza, por lo que su existencia no puede ser puesta en duda porque está íntimamente ligada a la felicidad del hombre, su seguridad y su bienestar, tanto a nivel personal como social.

Pero también es cierto y se escucha cotidianamente, que ...

b) ¿Hoy en día nos parece más difícil sacar adelante una familia que en otras épocas? (hablamos en términos generales): Es verdad que actualmente se dan circunstancias que generan problemas que no se presentaban antes. Pero esto no quiere decir que antes no hubiera dificultades: había otra situación con otros problemas, quizá menos manifiestos. En siglos pasados, muchas veces eran los padres quienes elegían a quienes habían de casarse con sus hijos, y lo hacían según aspectos objetivos: la clase social, la situación económica, la religión, etc. La comunidad matrimonial era considerada como una gran empresa. Todos, varones y mujeres, solían trabajar juntos en la granja, en el taller, en la tienda. Y educaban juntos a los niños, que crecían bajo los cuidados de muchos parientes. Esto actualmente ha cambiado de manera muy trascendental y de ello no podemos tener dudas.

Ya partir de la industrialización, se produjo un profundo cambio en la vida familiar. El hombre se fue retirando de las obligaciones familiares a favor de actividades lucrativas fuera de casa, donde la mujer quedó sola con los hijos. Poco a poco también ella se fue integrando a la vida profesional, ganando dinero y haciéndose cada vez más autónoma. De ahí resultan nuevas cargas para el matrimonio, que actualmente están afectando de una manera u otra no sólo al concepto de familia, sino más abismalmente a la forma de vida de padres e hijos, a la educación que estos reciben, a la forma de ver las cosas e interpretar las ideas, a las formas de ser, etc.

c) en relación a la autonomía con la que gozan hoy en día las mujeres, ¿debemos de considerarla como una de las causas de los actuales problemas de la familia?:

No podemos afirmar que la independencia de la mujer sea el problema de hoy. Al contrario, es una suerte que exista, porque sólo quien es interiormente libre e independiente puede amar y entregarse verdaderamente a los demás, y no sólo sentirse a gusto consigo mismo, sino hacer sentir bien a los demás.

Son muchos los factores que pueden incidir en el hecho de que hoy en día sea algo más difícil la situación y la vida familiar, pero lo que no podemos hacer es etiquetar a la autonomía de las mujeres como el representante clave. Está claro que dos personas se casan hoy, en general, por simpatía y amor; es decir, en muchas ocasiones prevalecen más los motivos subjetivos que los objetivos. El amor es la razón aceptable para contraer matrimonio, pero si faltan casi todos los factores o aspectos objetivos, la felicidad matrimonial y la vida en familia puede llegar a ser complicada y hacerse sumamente difícil.

No sólo es la autonomía de las mujeres el aspecto al que se suele hacer referencia cuando hablamos de dicha crisis, sino que hay otros factores, que se suelen mencionar, como bien indica la Teóloga y Pedagoga Jutta Burggraf.

d) ¿Qué decir del factor de la comunicación?: Hoy en día es frecuente que los esposos tengan distintos campos de acción, ya sea en la familia, ya sea en una profesión fuera del hogar. No se ven durante muchas horas al día. Pero sí tienen contacto con muchas otras personas, hombres y mujeres; y con ellos comparten sus intereses e ilusiones profesionales. Cuando vuelven cansados a casa, ya no tienen fuerzas para dialogar o hacer planes. Así puede pasar que crezca una distancia cada vez más grande entre los esposos.

Además, actualmente el matrimonio es mucho más largo que en otros tiempos. Antiguamente las mujeres morían con frecuencia después de haber dado a luz muchos hijos. Hoy los ven crecer, y ven cuando ellos marchan de casa.

e) ¿Se puede hablar del matrimonio como modelo de convivencia ya superado?: Es cierto que cada vez más podemos oír esta expresión. El matrimonio no es anacrónico, pero esto no quiere decir que haya de vivirse de un modo que podemos llamar «burgués» o acomodado, con estrechez de miras, con mentira y falsedad, mirando más bien al aspecto externo que al amor verdadero entre las personas que lo componen. Hoy en día existen muchas parejas que viven su matrimonio de una manera atractiva; que ponen de manifiesto que la fidelidad es posible, y que es garantía de felicidad para ellos mismos y para toda la familia, en la juventud, en la madurez y en la ancianidad.

Un matrimonio verdaderamente feliz descubre continuamente nuevos horizontes; está abierto a otras personas, también a una futura descendencia. Tiene el valor de transmitir la vida, de conservarla, de amarla y de velar por su desarrollo.

Y por último lugar, pensemos en ...

 

f) ¿Qué función ocupa el hogar en la sociedad actual?: Hoy en día, en que la mayoría de las personas realizan su trabajo en fábricas, empresas, administraciones, oficinas y tiendas, necesitan un hogar que les espere a la vuelta. La labor más importante, y a la vez la más difícil, de un ama de casa consiste en crear ese ambiente de hogar. Para la serenidad de una familia es importante que alguien tenga tiempo, que no esté siempre agobiado y con cosas más importantes en la cabeza que el simple saber escuchar, tranquilizar, consolar o animar; hay que deshacer tensiones, amortiguar las desilusiones, compartir uno con otro los éxitos y discutir los problemas.

Dentro de esta cuestión podemos recapacitar sobre el trabajo del ama de casa ¿se puede hablar de un trabajo monótono?. La profesión de ama de casa (porque así puede ser considerada cuando se desarrolla con competencia) no es necesariamente una ocupación monótona y aburrida. Tiene sus ventajas. Una muy agradable es que ella se puede organizar el horario y el trabajo a su manera. Toda mujer puede decidir en su casa lo que va a hacer en cada momento -aunque no siempre, sí al menos en proporción mucho mayor que en las demás profesiones. Esto confiere libertad y autonomía.

Si el trabajo del hogar se identifica con limpiezas pesadas, con fregotear suelos o ir de cabeza por cada motita de polvo que se descubre, es lógico que se le atribuya una insinuación y connotación negativa. Ciertamente el aburrimiento, la rutina y las manías acechan el trabajo del ama de casa, pero en cualquier profesión existen trabajos repetitivos. El presidente de una compañía, por ejemplo, tiene que estampar su firma cientos de veces al día; seguramente no lo envidiamos por esa tarea, pero no dejamos de pensar que su ocupación es valiosa y apetecible.

La tarea de compaginar el trabajo fuera de casa con las exigencias de la familia compete tanto a los hombres como a las mujeres. A todas las personas se les debe dar la posibilidad de hacer libremente lo que creen que es bueno, sin tener que estar siempre suscitando nuevas polémicas.


1.3.2. La familia: tres aspectos claves de su situación actual

Dentro de los muchos aspectos  que podemos analizar de la familia y de su entorno, hemos determinado tratar tres de ellos:

a) Los jóvenes y la familia: los problemas que angustian a la familia parece que no se muestran ya en estos últimos años en la forma llamativa que los caracterizó en los años setenta. Sin embargo, no se puede decir ciertamente que haya disminuido su intensidad y actualidad. Se sostiene que el problema de los jóvenes y el de la liberación de la mujer (con todo lo que implica para la vida de la familia) poseen la carga revolucionaria de los grandes acontecimientos de la historia y que quedará como el hecho específico de nuestro siglo. Es posible que esta valoración sea exagerada, y más cuando hemos comentado en párrafos anteriores, que no es el problema exclusivo de hoy en día.

Con dificultad los jóvenes encuentran en la familia un espacio en el que vivir armoniosamente sus problemas y expresar su creatividad original, como tampoco reciben respuestas adecuadas de la sociedad con la que se enfrentan.

b) La pareja y la familia: podríamos enlazar este punto con la pregunta anterior del punto 1.3.1 en el que se hacíamos referencia al interrogante del factor comunicación.
Queda en pie el hecho que, dentro del núcleo familiar, sigue sin resolverse el problema de la comunicación, con el cual están ligados todos los demás. No sólo el lenguaje hace resaltar distancias insalvables entre padres e hijos, sino que entre los mismos padres los gestos y las palabras se convierten a menudo en signos de contradicción, huérfanos de los valores que debieran originarse. El padre y la madre, en muchas familias, no se hablan ya o lo hacen a duras penas o, peor aún, el hablarse es fuente cotidiana de conflictos. Los hijos, según vayan creciendo, renunciarán al diálogo sobre los temas más significativos de su experiencia.

También es cierto que los estímulos que llegan de la sociedad son cada vez más violentos y provocadores, pero la familia, en vez de ser un filtro aclarador, se convierte, en ocasiones, en un espacio donde todo se estanca de modo casi sofocante. Los valores, aunque no estén ausentes terminan siendo más un refugio individual que un lugar de serena confrontación y de comunicación interpersonal.

c) La familia y la tradición: de hecho, uno de los problemas más agudos y más graves que aquejan a la familia hoy -y no sólo a la familia como tal- es el de la relación entre presente y pasado. Los jóvenes sobre todo, aunque también los menos jóvenes, se sienten confusos y no consiguen encontrar ese vínculo que es la única garantía de fecundidad: van desde el rechazo indiscriminado a la ignorancia presuntuosa, a la duda quizá oculta y, a veces, a la exaltación acrítica tan deletérea como infantil. Y ello sin hablar de toda la serie de ansiedades y trastornos que acechan a la vida de familia, y que se pueden reducir al factor económico (desde la sobreabundancia a la incertidumbre y la necesidad). Gran parte de nuestra cultura se encuentra aún, por lo que se refiere a la familia, en fase de análisis; y si bien se ha atenuado la fase aguda de rechazo, no se proponen líneas de soluciones concretas o hipótesis de orientación existencial


2. CARACTERÍSTICAS DEL SISTEMA FAMILIAR

2.1. Los valores en la Familia

Como definición de valor podemos decir que son «elementos muy centrales en el sistema de creencias de las personas y están relacionados con estados ideales de vida que responden a nuestras necesidades como seres humanos, proporcionándonos criterios para evaluar a los otros, a los acontecimientos tanto como a nosotros mismos» (Rokeach, 1973 en García, Ramírez y Lima , 1998).

Los valores, por lo tanto, nos orientan en la vida, nos hacen comprender y estimar a los demás, pero también se relacionan con la imagen que vamos construyendo de nosotros mismos y se relacionan con el sentimiento sobre nuestra competencia social.

    Como Educadores Familiares tenemos que trabajar para promover y dirigir a las familias hacia la armonía, el bienestar, el afecto, aspectos que refuerzan los siguientes valores:

- Universalidad, entendida como la comprensión la tolerancia, la estima y la protección de todas las personas y de la naturaleza
- Benevolencia, entendida como la preocupación por la preservación del bienestar de las personas próximas
- Seguridad, entendida como valoración de la integridad, armonía y equilibrio tanto a nivel interpersonal como social
- Conformismo, entendido por la restricción de acciones o pulsiones que puedan resultar dañinas para los otros o que violen las expectativas o normas sociales.
    

2.2. Jerarquía y poder en la familia
    
Pese al deseo de igualdad, correspondencia y conformidad perseguido en la familia, es evidente la existencia de una jerarquía y también de un poder que ejerce uno o más miembros del grupo de acuerdo con unas características propias de cada entidad familiar.

Se da dentro de la familia una organización, incluso en la división del trabajo, que puede seguir o no unas pautas universales. Así, parece natural la asignación de tareas según el sexo, pero tampoco ésta es una constante general. ¿Por qué no es una constante general?. Lo podemos observar por ejemplo en cuanto a la ganadería, que en muchas sociedades, está al cuidado del hombre, mientras que la agricultura parece ser patrimonio de la mujer, pero la antropología ha descubierto bastantes excepciones a la regla. Sin embargo, esto no es óbice para que se constate en el seno familiar una determinada organización, jerarquizada y, por ende, con claras evidencias de poder, que es distinto en los variados linajes tradicionales, pero que incluye una cierta diferenciación.

En las sociedades clásicas, encontramos, la típica existencia de los poderes religiosos, político, económico y jurídico, bien acumulados por una persona, bien con cierta distribución jerárquica establecida.

Es importante que tengamos en cuenta un elemento muy importante dentro de la familia que es el poder de decisión por parte de quien posee experiencia en la distribución de bienes y autoridad para llevar a cabo las decisiones que habrán de atacar los miembros de la familia. Dichas tareas requieren del conocimiento de unas reglas no arbitrarias, sino fundadas en el cumplimiento e interpretación de normas que constituyen una especie de corpus elemental de carácter jurídico.

Naturalmente el poder que nace y se integra en la comunidad, tiene una proyección en la vida social. La familia no es una entidad cerrada en si misma, sino que su apertura le permite y obliga a establecer una comunicación con las otras familias y con la sociedad circundante, que reconoce, de manera universal, su importante papel.

Podemos finalizar señalando que jerarquía y poder, autoridad, en definitiva, es una constante que puede observarse en las distintas familias, aunque, hay que decirlo, la familia occidental moderna ha sufrido cierta quiebra en este sentido y no puede hablarse ahora en los mismos términos de antaño ni es comparable con las sociedades tradicionales.


3. LA FAMILIA Y EL CAMBIO SOCIAL. ESTRUCTURA Y FUNCIONES DE LA FAMILIA ACTUAL

La familia es la institución social más antigua. Ha ido evolucionando y ofreciendo diversas formas, según tiempos y lugares; parece que la familia, como tal, es esencial a la vida humana social y, por ende, es insustituible, necesaria e irremplazable. Todo ello viene de que la familia desempeña un papel fundamental en la Sociedad: «la familia, en contra de prejuicios y apariencias, sigue poseyendo una gran influencia sobre la realidad social moderna. Tanta, que bien pudiera sostenerse que la llamada crisis lo era no de agonía o degradación, sino más bien de crecimiento, desarrollo y transformación. Por lo tanto, de ser esto así, sus más característicos signos no deberían interpretarse en términos desorganizativos ni catastrofistas sino como una reestructuración funcionalmente adaptativa. Pues, en efecto, numerosas evidencias parecen atribuir a la familia el papel de una nueva centralidad, indispensable para la moderna reproducción social».

La familia es una realidad social compleja, que combina dos elementos humanamente necesarios pero, a la vez, antinómicos entre sí:

- Función social, por la cual cumple con cometidos sociales, los principales de los cuales se evidencian en sus funciones de regular la vida sexual, la creación de la prole y la educación básica de ésta
- Función individual, por la cual posibilita la satisfacción de necesidades básicas de los individuos, como son la intimidad, la seguridad y el amor.

Sabemos que lo social y lo individual son dos polos humanos antinómicos, de modo que todo lo que se da a uno de ellos crea un conflicto con el otro polo. Esto es la causa de que el tipo de familia «patriarcal» (que aseguraba los aspectos sociales de la familia) conculcara y quebrantara menudo los derechos individuales de sus miembros. En cambio, la moderna familia «nuclear», que atiende a los derechos de libertad, de afecto, de movilidad, con su permisividad para los individuos (por ejemplo, con la posibilidad de divorcio), envuelve e implica no sólo la estabilidad de la institución familiar, sino también consiguientes ventajas de ella (en este caso, el equilibrio afectivo de los hijos).


3.1. El cambio social en la familia

La familia, como institución, depende no sólo de las funciones que desempeña en la sociedad sino también de ciertos factores sociales, que analizaremos en los apartados 3.1.1 y 3.1.2, que son causa de la estructura que toma en uno u otro caso. Podemos ver dos de los enclaves producidos, más notables, que han incidido en dicho cambio socio-familiar, y son:

a) Relación de edades: Lo habitual es que el hombre sea un poco mayor que la mujer, hecho que tendría explicación biológica de que el hombre, teniendo una maduración personal  más lenta, es mayor que la mujer que tiene su mismo nivel de madurez

b) Migraciones: En este fenómeno también se observan determinantes en la constitución de parejas matrimoniales; por ejemplo, en las migraciones del campo a la ciudad, propia del mundo industrial, las mujeres emigraron en mayor número, por lo cual ellas tienden a quedar solteras en la ciudad, mientras que los hombres tienden a quedar solteros en el campo, en el cual mayormente han permanecido.

La familia es una realidad social que se halla sujeta a cambios constantes. Y esto es así, constituye un hecho necesario, ya que la familia es una realidad social que depende de otras realidades sociales. En el mencionado Informe citado a pie de página (9) se dice que «la sociedad se articula familiarmente. Hay tantos tipos de familias como identidades sociales y culturalmente construidas. El debate actual en torno a la crisis de valores familiares y sociales es el reflejo de los conflictos surgidos ante los valores y significados contradictorios con que la realidad se nos presenta desde diferentes instancias y ámbitos de actuación social».

En muchos estudios se hace referencia a la familia española, pero podemos decir que, en realidad, no existe la familia «española» propiamente dicha. España, en efecto, es un país de grandes diferencias regionales, y lo mismo que se observan en ella diferencias lingüísticas, culturales, económicas y demás, se las observa también en las características familiares. Como dice Francisco Chacón Jiménez, al igual que en otros países, «en España son las grandes áreas regionales, caracterizadas también, lo mismo que en Francia o Italia, por sistemas de herencia y residencia distintos, las que definen la familia española», la cual queda determinada, en cada región, por los variables aspectos que rigen el régimen matrimonial y la organización doméstica.

A continuación, señalaremos algunos de los factores o aspectos tanto cuantitativos como cualitativos que afectan y han afectado la familia de una forma u otra:


3.1.1. Factores cuantitativos

En el cuadro siguiente podemos observar los cambios cuantitativos más destacados que han influido en el sistema familiar.

Con estos factores que estamos analizando, y los que nos quedan por analizar, podríamos debatir si el tema de las familias numerosas ha pasado a la historia y ser ya cosa del pasado. Una cuestión que parece demasiado clara, si tenemos en cuenta la opinión de la mayoría de los matrimonios jóvenes y la conciencia de nuestra sociedad actual, que ve en la superpoblación del planeta una fuente de males para el mismo, de diverso tipo.

(*) En cuanto al índice de natalidad podríamos estar escribiendo durante páginas y páginas, ya que es un tema que nos puede afectar a todos de una forma u otra. Guiándonos por una encuesta  hecha por el Centro de Investigaciones Sociológicas, los factores que han influido en el descenso de la natalidad son los siguientes: el uso de anticonceptivos, la actividad profesional de la mujer, las dificultades de la situación económica, la insuficiencia de ayudas económicas a las familias, el deseo de los padres de no «atarse» con los hijos, «los hijos cuestan demasiado caros», etc.


3.1.2. Factores cualitativos

Algunos aspectos de apariencia negativa, y que nos hacen hablar de una crisis familiar, en numerosas ocasiones parecen estar en decadencia, según indican variedad de estudios y de encuestas y se presagia una época de mayor aproximación a la familia tradicional.


3.2. Estructura de la familia actual

El concepto de estructura describe la totalidad de las relaciones existentes entre los elementos de un sistema dinámico.

La estructura familiar es el conjunto invisible de demandas funcionales que organizan los modos en que interactúan los miembros de una familia. Dicho de otro modo, estructura familiar, hace referencia al conjunto de demandas funcionales que indica a los miembros como deben funcionar. Así pues, una familia posee una estructura que puede ser vista en movimiento.

La estructura familiar no constituye una entidad inmediatamente, ni prontamente, observable por parte del observador. Los datos del educador familiar y su diagnóstico se logran experimentalmente en el proceso de asociarse con la familia. El educador familiar analiza el campo transaccional en el que se relaciona con la familia, para lograr así un diagnóstico estructural.
    

3.2.1. Subsistemas de la familia

El sistema familiar se diferencia y desempeña sus funciones a través de sus «subsistemas». Los individuos son subsistemas en el interior de una familia. Las díadas, como puede ser la de marido-mujer, madre-hijo o hermano-hermana, pueden ser consideradas rotundamente subsistemas.

Cada individuo pertenece a diferentes subsistemas en los que posee diferentes niveles de poder y en los que aprende habilidades diferenciadas.

Describamos los tres subsistemas que fueron citados anteriormente:

a) El «subsistema conyugal» (matrimonio): Se constituye cuando dos adultos de sexo diferente se unen con la intención expresa de constituir una familia. La pareja debe desarrollar pautas, modelos, prototipos, en los que cada esposo apuntala la acción del otro en muchas áreas. Deberán ceder parte de su individualidad para lograr un sentido de pertenencia.

b) El «subsistema parental» (padres): Se constituye al nacer el primer hijo. El funcionamiento eficaz requiere que los padres y los hijos acepten el hecho de que el uso diferenciado de autoridad constituye un ingrediente necesario del subsistema parental. Ello se convierte en un laboratorio de formación social, para los niños, que necesitan saber cómo negociar en situaciones de poder desigual.

c) El «subsistema fraterno» (hermanos): Es el primer laboratorio social en el que los niños pueden experimentar relaciones con sus iguales. En el mundo fraterno, los niños aprenden a negociar, cooperar y competir.
    
    Algunos de los aspectos esenciales a tener en cuenta para estudiar la estructura familiar son: los límites, las reglas y los mitos familiares, de cada uno de los subsistemas descritos:

A) Límites de los subsistemas:

Los «límites» de un subsistema están compuestos por las reglas y criterios que definen quiénes participan y de qué manera.

La función de los límites reside en proteger la diferenciación del sistema y aquellas incompatibilidades que puedan surgir dentro del mismo.

Así, por ejemplo, cuando la madre (M) le dice a su hijo mayor (H): «No eres el padre de tu hermano; si anda en bicicleta por la calle, dímelo y yo lo haré volver, pero no vuelvas a gritarle», el límite del subsistema parental queda definido y determinado de forma clara (es la madre la que va a ejercer la función ejecutiva: «yo lo haré volver»).

Gráficamente tenemos:

Si el subsistema parental incluye un hijo en «rol parental» (HP), el límite queda definido por la madre; por ejemplo, al decir al niño: «Hasta que vuelva del almacén, Ana se ocupa de todo»:
Para que el funcionamiento familiar sea adecuado, los límites de los subsistemas deben ser claros, despejados de todo tipo de confusión, que pueda ocasionar un problema en el funcionamiento familiar; por ello la claridad de los límites en el interior de una familia constituye un parámetro útil para la evaluación de su funcionamiento y de su actividad diaria. Deben definirse con suficiente precisión como para permitir a los miembros de los subsistemas el desarrollo de sus funciones sin interferencias indebidas, pero también deben permitir el contacto entre los miembros del subsistema y los otros.

Es posible considerar a todas las familias como pertenecientes a algún punto situado entre un continuo cuyos polos son los dos extremos de «límites difusos», por un lado, y de «límites rígidos», por el otro. La mayor parte de las familias se incluyen dentro del amplio espectro normal.

Gráficamente, los tres tipos de límites, se representan:

La familia con límites difusos recibe el nombre de «familia aglutinada»; la familia con predominio de límites rígidos se llamará «familia desligada».

Los miembros de familias aglutinadas (límites difusos) pueden verse perjudicados en el sentido de que el exaltado sentido de pertenencia que poseen requiere abandono de la autonomía. La conducta de un miembro de la familia afecta de inmediato a los otros y el stress individual repercute intensamente a través de los límites y produce un rápido eco en otros subsistemas. Así pues, la familia aglutinada responde a toda variación en relación con lo habitual con una excesiva rapidez e intensidad.

Los miembros de familias desligadas (límites rígidos) pueden funcionar de forma autónoma, pero poseen un desmedido sentido de independencia y de liberación, al mismo tiempo que carecen de sentimientos de lealtad y pertenencia y, de requerir ayuda mutua cuando la necesitan. Estas familias toleran una amplia gama de variaciones individuales entre sus miembros. El stress que afecta a uno de sus miembros no atraviesa los límites inadecuadamente rígidos.
Así vemos que la familia desligada tiende a no responder cuando es necesario hacerlo. Por tanto, las operaciones en los extremos del continuo señalan áreas de posible patología. El educador familiar  debe operar como un delineador de límites, que clarifique los límites difusos y abra los límites excesivamente rígidos, para llegar a establecer límites lo más claros posible.

B) Reglas familiares:

Como definición de Reglas: «son formulaciones hipotéticas elaboradas por un observador para explicar la conducta observable de la familia» (Jackson).

 

En la familia que comienza no hay reglas establecidas. Cada miembro componente de la misma aportará, a lo sumo, sus propias experiencias y sus propios modelos de intercomunicación según los esquemas aprendidos o elaborados en el sistema familiar de origen; pero esto no bastará para todo lo que ahora han de ir estructurando.

Este conjunto de reglas o leyes con que se va construyendo el sistema familiar a lo largo del tiempo y a través de inevitables reajustes por tanteo y error, es semejante al programa de un calculador. En la familia puede ser observado tal funcionamiento en términos de aquí y ahora. El descubrimiento de las reglas que rigen la vida de un sistema familiar es obra que requiere una larga y cuidadosa observación, semejante a la que tendría que poner en práctica el desconocedor del juego del ajedrez, por ejemplo, que tratase de ver cuáles son las reglas que ponen en practica dos jugadores a lo largo de una partida.

Podemos nombrar tres categorías de reglas:

a) Reglas reconocidas (rr): son reglas que se han establecido explícitamente y de manera directa y abierta. Comprenden acuerdos en distintas áreas, tales como normas de convivencia, asignación de tareas, responsabilidad de ciertos papeles, expresión de necesidades personales, etc.

b) Reglas implícitas (ri): estas reglas constituyen funcionamientos sobreentendidos acerca de los cuales la familia no tiene necesidad de hablar de modo explícito. Se dan en la dinámica de la familia, aunque no se haya verbalizado o dialogado sobre ello.

c) Reglas secretas (rs): estas son las más difíciles de descubrir al estudiar una familia. Son modos de obrar con los que un miembro, por ejemplo, bloquea las acciones de otro miembro; son actos que tienden a desencadenar actitudes deseadas por quien manipula el resorte que los provoca. Así, por ejemplo, en una familia, la regla secreta establece que una conducta dé autonomía e independencia en la hija, vaya seguida por una queja psicosomática de la madre y esto conlleve una mayor implicación del padre en la casa.

C) Mitos familiares:

Como definición de mito familiar podemos señalar que es «un número de creencias bien sistematizadas-y compartidas por todos los miembros de la familia respecto de sus roles mutuos y de la naturaleza de su relación» (Ferreira).

Estos mitos familiares contienen muchas de las reglas secretas de la relación; reglas que se mantienen ocultas, sumergidas principalmente en las rutinas del hogar.

Aunque para un observador puedan parecer evidentes falacias o enredos de la realidad familiar, estas creencias organizadas, en cuyo nombre la familia inicia, mantiene y justifica muchas pautas interaccionales, son compartidas y apoyadas por todos los miembros como si se tratara de verdades a ultranza más allá de todo desafío o investigación.

El mito da a cada miembro un rol que es aceptado por todos y cuyo desafío se convierte en verdadero «tabú».

El mito prescribe atributos a cada uno de los miembros de la familia. Así, por ejemplo, si en una familia, el marido debe llevar a la esposa en auto donde quiera que ella necesite ir (incluso en detrimento de las actividades profesionales del marido), se admite que es porque ella no sabe y tampoco se interesa en aprender a conducir. Aunque esta pauta se ha mantenido desde que se casaron, la esposa se explica en términos de que «es torpe para la mecánica»; un juicio que su marido apoya y corrobora. Los mitos, en su manifestación implícita, son verdaderos programas de acción que ahorran cualquier pensamiento o elaboración posterior.

Parece ser que en el contexto de la relación familiar, para cada rol individual definido existe un contra-rol oculto en la persona de otro o de otros miembros de la familia. Así, en el ejemplo anterior, el mito de que la madre era torpe para la mecánica llevaba implícita la manifestación de que, de hecho, algún otro miembro de la familia «no lo era». Cuando una familia le adjudica a uno de sus miembros el título de «paciente», automáticamente le confiere a uno o más de los otros miembros la etiqueta opuesta de «no paciente». Y, en la misma medida en que lo primero implica un rol, lo segundo implica lo que debemos llamar un contra-rol, que afirma y complementa al otro.

Los mitos no son, por supuesto, una exclusividad de las familias patológicas. Probablemente estén presentes en todas las familias y pareciera ser que, aún en la relación familiar más sana, es necesaria una cierta dosis de mitología para mantener una serena y sosegada operatividad. Sin embargo, pero no nos llevemos a equivocaciones, parece ser que los mitos son más obvios e inalterables y tal vez más abundantes en las relaciones patológicas.

El mito familiar tiende a formar parte de la «imagen interna» de la familia y expresa la forma en que es percibido, no tanto por los demás, como por sus miembros, desde adentro.

Existen muchas clasificaciones de mitos, hemos creído conveniente estudiar, en este trabajo, la que elaboró Stirlin:

a) Mitos de armonía: Presentan un cuadro «maravilloso» de la vida pasada y presente de la familia. Intentan hacer ver a los otros que son «familias muy felices».

b) Mitos de perdón: Estos mitos tienen una estructura en la que una o más personas (vivas o muertas) son las únicas responsables de la situación en la que se encuentra la familia.

c) Mitos de rescate: La base de este mito está en la creencia de que todo sufrimiento, así como cualquier injusticia presente en la vida familiar e individual, puede ser borrado y alejado por la beneficiosa intervención de un persona omnipotente. Se espera que esa persona logre en sus vida las metas que no pudo alcanzar un padre, hermano o abuelo.

En cuanto se refiere a desvelar un mito familiar, la cuestión es sumamente interesante para el educador familiar. Puesto que el mito funciona con el fin de mantener la relación y de preservar su naturaleza, el asunto es extremadamente delicado para la familia y requiere la mayor exquisitez y discreción por parte del profesional-educador familiar, ya que una insistente tentativa de revelar la verdad detrás del mito corre el riesgo de producir resultados insospechados.


3.2.2. Formas de familia

Están apareciendo hoy día nuevas formas de «familia», cuyo carácter se puede cuestionar; ¿por qué se puede cuestionar?, ¿por qué se puede debatir sobre ésto?: Simplemente porque se están adoptando formas esencialmente distintas de lo que la familia es por naturaleza. Los sociólogos advierten que están surgiendo en nuestra sociedad problemas de identidad familiar y de evolución familiar.

    Relacionado con este tema podemos nombrar la aparición de las comunas en los años 60 y 70, sobre todo en EE.UU., que encarnaban un deseo consciente de volver a la sociedad preindustrial, a una especie de tribu autónoma dentro del marco de una cierta vida natural, que forma un grupo sin nación ni territorio, que mantiene sus propios valores, su lenguaje y su religión, en cualquier país donde se encuentre. La tribu presenta responsabilidades personales en lugar de un gobierno abstracto y centralizado. Se buscaba una vida de comunidad junto a unos amigos queridos y a unas tradiciones entrañables.

    Volviendo al tema que nos ocupa, podemos ver cuatro nuevas formas de familias emergentes:

a) Hogares multiétnicos: Este tipo de pluralismo familiar, no proviene de la evolución endógena de la familia, sino que es resultado de un accidente exógeno, a saber, el hecho de la inmigración.

b) Hogares subfamiliares o infrafamiliares: Son aquellos que no llegan a completar una unidad familiar capaz de reproducirse a sí misma (cónyuges más dos descendientes): hogares unipersonales (solteros, divorciados o viudos sin hijos), multipersonales sin núcleo (compañeros amorosos o laborales que conviven sin propósito de convivencia familiar), de nido vacío (núcleos conyugales sin descendientes), monoparentales (de un solo progenitor, soltero, separado o viudo, con sus descendientes). Todos estos tipos de familia están creciendo proporcionalmente más que el resto de los tipos de hogares.

c) Parentesco político: Se está incrementando con la posibilidad de que las personas divorciadas contraigan, tras la separación, segundas o terceras nupcias, con lo cual se va creando parentesco político. La tendencia actual es que la mitad de las primeras uniones se disuelve y, de los separados, dos tercios de los varones y un tercio de las mujeres vuelven a unirse, continuándose la serie progresivamente. Puede observarse que los divorciados están reproduciendo las pautas de viudedad, en el sentido de que la probabilidad de contraer segundas nupcias es mucho más elevada para los varones que para las mujeres. El resultado es la aparición de la llamada «nueva familia extensa», compuesto por los hijos de uno, de otra, de sus anteriores cónyuges, etc.

d) Familia de diseño: Es la familia artificialmente construida como un producto racionalmente calculado. Se comprenden aquí formas diversas de programar el destino familiar: tanto la búsqueda de pareja por agencias matrimoniales y el ordenador, como el mercado clandestino de niños del Tercer Mundo donados o vendidos, que las parejas infecundas adquieren.

Como comenta André Burguiére (1988) en su gran documento Historia de la familia , la familia es una institución flexible y que puede adoptar múltiples formas que combinan de distintas maneras lo social y lo biológico según el lugar y la época. Consanguínea o matricentrada, ampliada o nuclear, elemental o compleja, la familia, independientemente de su forma seguirá siendo una familia siempre y cuando la humanidad no destruya el edificio ideológico sobre el que descansa; o, dicho de otro modo, mientras que los hombres no cuestionen la prohibición del incesto y el intercambio matrimonial que resulta de ello y, más aún, las funciones explícitas que, en nuestro universo, se asume que debe realizar la familia: educación de los hijos, división sexual de las tareas, ejercicio de la sexualidad.

No olvidemos mencionar nuevas formas de vida hogareña muy convencionales como son, la unión de dos personas homosexuales o el matrimonio en grupo.


3.2.3. Nuevas formas de matrimonio

Simplificando el desarrollo de las mismas, para no extendernos demasiado, podemos afirmar que las formas más usuales de matrimonio institucionalizado en determinadas culturas se ajustan a los siguientes modelos, teniendo en cuenta las letras H (hombre) y M (mujer):

1. Monogamia:
H-M: Es el más generalizado.
H-H: De carácter homosexual e infrecuente.
M-M: Es el caso curioso de los nuer de India.

2. Poliginia:
H-MM: Es sororal cuando las mujeres son hermanas; o puede ser no-sororal.
3. Poliandria:
HH-M: Puede ser fraterna cuando los esposos son hermanos; o no fraterna. Es frecuente en el Tibet y en la Polinesia.

- La familia nuclear o elemental es la concepción más habitual para nuestra cultura. Es la compuesta por el padre, la madre y los hijos nacidos de su unión.
- La familia compuesta comprende los cónyuges y sus hijos en la familia poligámica (poligínica y poliándrica).
-Y la familia extensa está formada por una red familiar que une a consanguíneos, aliados y descendientes de, al menos, tres generaciones.

La variedad de formas de matrimonio es muy grande. Existen formas de matrimonio excepcionales para nuestra visión occidental, como por ejemplo, los nayar (casta del sur de India) que tienen una concepción insólita: el sexo y las relaciones económicas son cosas separadas. Llegada la pubertad, las chicas toman ritualmente marido en una sencilla ceremonia en la que éste cuelga del cuello de la novia un collar de oro; con ello termina la ceremonia y la relación. Es muy probable que no se vuelvan a ver más.

La novia vivirá en el gran hogar de su familia. Otros «maridos» la visitarán, siempre con la aprobación del grupo familiar, de manera regular o esporádica. Si la novia, en un momento dado, queda embarazada, el supuesto padre u otro pagará los gastos de la partera... y aquí terminan las obligaciones.

Seguramente que después de leer estas líneas, como profesionales que os estáis formando en el ámbito familiar, y como expertos en temas vinculados al mismo, os preguntéis si es ésta una forma de matrimonio. Indudablemente bajo nuestra perspectiva está claro que no lo es, pero reflexionar sobre ello.

- Algunas restricciones al matrimonio:

Hay restricciones que se producen en el matrimonio por diversas razones, unas por motivos de lugar, otras por prohibiciones o prescripciones diversas.

En el primer caso puede citarse la endogamia y la exogamia. La endogamia es la obligación de emparejarse dentro del grupo al que se pertenece, aunque se trata, en la mayoría de ocasiones, de una «obligación» inconsciente  asumida por las personas de la comunidad que ni siquiera se plantean otra forma de casamiento. Y la exogamia por el contrario es la regla que exige el casamiento fuera de su propio grupo. Tiene un carácter adaptativo para ampliar las redes de apoyo, vincular a la persona a un grupo más amplio y contar con mayor protección.

En el segundo caso (prohibiciones) puede citarse el tabú del incesto, es decir, la prohibición de relaciones heterosexuales entre parientes próximos. Tiene un carácter universal y está recogida y sancionada en la ley escrita y en comunidades ágrafas de análoga manera. Es un tema muy serio que merece el estudio y el reconocimiento de su existencia por las numerosas implicaciones que conlleva.


3.3. Funciones de la familia actual

La cuestión de las funciones de la familia es un tema de esencial importancia, y de una gran calidad en Sociología y, de forma puntual, para los profesionales de la Educación Familiar.

Para la Sociología, es un tema determinado e importante porque permite calificar a la familia y considerar el valor de ella como institución y, además, juzgar de la oportunidad de su evolución y, según han querido indicar algunos, hasta de su desaparición. Esto último es cuando se constata que la familia actual «ha ido perdiendo sus funciones clásicas, con lo cual -concluyen algunos sociólogos- vendrá un día en que las habrá perdido todas y, entonces, la familia desaparecerá, pues nada justificará su existencia».

    Sabido es que la familia patriarcal ejercía sus funciones de procreación de la prole, procurarle el sustento, darle asistencia y protección, darle educación, integrarla en la profesión y asistirla en la infancia, en la enfermedad y en la vejez. Actualmente, si nos damos cuenta, esas funciones son asumidas por diversas instituciones sociales, sobre todo los Servicios Sociales, de los cuales hablaremos en la Unidad III.

Como profesionales en este ámbito, conocemos que para todas esas funciones, aunque no sean ahora competencia exclusiva de la familia, ésta sigue, sin embargo, desempeñando un notable papel en todas ellas. Por ejemplo, es evidente que la familia sigue teniendo un importante papel en estas tres funciones particulares:

    - Estimula la actividad y dedicación profesional, ya que las personas consideran ésta no tanto como medio de supervivencia personal sino, sobre todo, de fundación y sostenimiento de una familia.

- Canaliza el consumo, ya que la mayoría de bienes consumidos (alimentos, vivienda, mobiliario, cultura, libros, espectáculos, turismo, etc) dependen del tipo de miembros que constituye la familia.

- Canaliza las cuestiones sucesorias o de herencia.La influencia de la familia en la vida profesional de los hijos se ve no sólo en los casos en que el hijo o la hija heredan la profesión familiar con su soporte material (taller, industria, despacho, tienda, ...), sino también en el hecho de que es la familia quien da a los hijos el espaldarazo, es decir, el empuje que los orienta hacia tal o cual tipo o nivel de profesión. Es éste un hecho conocido (10)  y consistente en que quienes accedan a las profesiones superiores son precisamente aquellos cuyos padres pertenecen también al nivel superior tanto social como profesional (dos cosas que son casi lo mismo). Como dijo I. Alberdi (1995), «tanto los primeros empleos como los posteriores  cambios y ascensos se obtienen mucho más a través de la red familiar y de parentesco que a través del mercado, los anuncios en prensa o los agentes de empleo».
    
    Centrémonos en dos de las funciones de la familia más características, que son propiamente suyas, por lo que se refiere a su delicadeza, intimidad o responsabilidad humana; éstas son:

    1) Educación de los hijos: sobre todo en ámbitos especiales de la educación, como son la educación del corazón, la educación religiosa o la educación sexual. A este respecto hay que insistir en el papel singular e insubstituible que le incumbe a la madre, pero también al padre. Pensando en la primera, a menudo no se ha prestado bastante atención en el papel educativo del padre. Jacqueline Kelen en 1988 habla de «las treinta y seis maneras de ser padre», bastantes de las cuales se refieren a una frecuente ausencia o fallo del padre en la función educativa. Mas parece que esto se va corrigiendo, y por ello mismo la misma autora, en su libro El nuevo padre (1988:235s), dice que «los padres están de regreso», o sea, que, frente a la ausencia de los padres de antaño en la crianza y educación de sus hijos, desde los años sesenta se ha producido una inversión en ese comportamiento, es decir, podemos apuntar que se ha pasado de un padre a menudo despreocupado por el destino de sus hijos, a los padres que reivindican su derecho a hacer de padre o a quedarse con sus hijos en caso de divorcio.
No podemos rechazar que el padre ha permanecido bastante ausente del hogar en las culturas más bien machistas; pero la sensibilidad de nuestra actual sociedad tienda a superar esas actitudes defectuosas y, con ello, muchos padres se ufanan de dedicarse ellos también a las tareas propias del hogar. Según una encuesta realizada entre los españoles en 1995 (11), el porcentaje de los varones que opinan que tanto hombre como mujer han de trabajar fuera de casa y repartirse las tareas domésticas era de 45 % en el año 1990 y de un 53 % en el año 1994. El porcentaje de los que pensaban en una familia en que la mujer trabaje menos horas fuera de casa y dedique más al cuidado de ésta y de los hijo era de 23 % en el año 1990 y de un 21 % en 1994. Los que piensan que sólo el hombre ha de trabajar fuera de casa y sólo la mujer ha de cuidar del hogar y de los hijos era un 27 % en 1990 y un 22 % en 1995.

2) Una función muy peculiar de la familia es constituir el lugar de la privaticidad humana, es decir, aquel lugar donde la persona puede gozar de intimidad y de una cierta autonomía. Dando un paso más, la familia se presenta como el mejor ámbito para las relaciones humanas, al menos en lo que se refiere a intensidad y afecto. De relaciones familiares podemos hablar de tres tipos:

a) Las heredadas: Vinculan con progenitores y ascendientes.
b) Las conyugales: Vinculan con personas afines y colaterales.
c) Las generadas: Vinculan con los hijos y descendientes.
    
No son lo mismo todas ellas, pero sí que todas tienen, como rasgos comunes, los que acabamos de recordar.

Vinculado a esta función está el tema de la vida de afecto, de amor, ya que la familia es un grupo especializado en la gratificación afectiva, y donde mejor puede vivirse el auténtico amor humano
    
En conclusión la familia dirige su actuación hacia:

- La protección psico-social de sus miembros (función interna).
- La acomodación y transmisión de una cultura (función externa).

 

 

3.3.1. Importancia de la familia
    
La familia supone una profunda unidad interna de dos grupos humanos: padres e hijos que se constituyen en comunidad a partir de la unidad hombre-mujer, por lo tanto, no podemos negar que:

- La familia tiene que equilibrarse a sí misma. De esa manera enseña el equilibrio a los hijos. Ese equilibrio de la familia va a contribuir al equilibrio social.
- La familia es el lugar insustituible para formar al hombre-mujer completo, para configurar y desarrollar la individualidad y originalidad del ser humano.
- Tiene un «ámbito espiritual» que condiciona las relaciones familiares: casa común, lazos de sangre, afecto recíproco, vínculos morales que la configuran como «unidad de equilibrio humano y social».

¿Por qué es tan importante y necesaria la educación familiar?:

La familia, como indica Quintana, es para el niño el primer transmisor de pautas culturales y su principal agente de socialización.

Probablemente el primer paso de la educación familiar lo constituya el proceso de socialización con el cual «el sujeto interioriza y aprende unos contenidos socioculturales, a la vez que desarrolla y afirma su identidad personal bajo la influencia de sus agentes exteriores y mediante mecanismos procesales frecuentemente no intencionados» (12). Entendida así la socialización implica tanto la formalización de la personalidad cuanto el soporte de unos contenidos culturales específicos que precisa el sujeto.

La influencia familiar en la educación de sus miembros abarca un área amplia de objetivos, tales como la formación de la personalidad, el aprendizaje de la adaptación fuera de este ámbito, la formación en valores y en moral, etc.
    
Podemos enmarcar dicha importancia familiar en tres aspectos relevantes:

- Biológicamente: Todo niño nace absolutamente inseguro, necesitado e incompleto.

- Psicológicamente: En la medida en que un cerebro está más evolucionado más tiempo necesita para educarse y desarrollarse hasta llegar a la edad adulta. El niño no puede vivir sin la ayuda del adulto, sin la formación que sus padres le proporcionan. Su autonomía la alcanzará tras un largo proceso: lactancia, niñez, adolescencia. No basta el hecho biológico sino que necesita desarrollar su inteligencia, voluntad, armonía, autonomía, autoestima. La autoestima es el motor del hombre, por ello, los niños que crecen privados de un ambiente familiar, aunque crezcan físicamente, pueden sufrir deficiencias: psicológicas, afectivas, emocionales intelectuales y sociales.

- Sociológicamente: El influjo de los padres es imprescindible. El niño aprende a saber quién es a partir de su relación con sus padres -personas que le quieren-. Nadie puede descubrirse a si mismo si no hay un contexto amor y de valoración. Proporcionan el mejor clima afectivo, de protección... El niño aprende a ser generoso en el hogar. PROTECCIÓN, SEGURIDAD, ACEPTACIÓN, ESTIMA Y AFECTO, cinco aspectos que debe aportar la familia a todo niño. Lo que aprende el niño en la familia es determinante.


4. PATOLOGÍAS FAMILIARES Y POLÍTICA DE AYUDA A LA FAMILIA

4.1. Patologías familiares

Los inconvenientes y ventajas de la familia como institución, su oportunidad y sus disfunciones de la vida social, suelen plantearse con independencia de la normalidad o anomalía de su funcionamiento interno. Ahora bien, hay casos en que la familia, por un mal enfoque de sus funciones y una mala actuación de sus miembros, genera en su seno unos problemas que, a la fuerza, puede que repercutan también en la sociedad.
    

4.1.1. El conflicto
    
Donde hay relaciones humanas hay conflicto. Y cuanto más estrechas son esas relaciones, más difíciles resultan y, por lo mismo, más reiterativo y más intenso puede ser el conflicto. Es frecuente que este estalle en el seno de la familia. Dentro de una familia se pueden dar tres tipos de conflictos, a tener muy en cuenta por el Educador, en el momento de su intervención:

    a) Conflicto juvenil: Establecido entre hijos y padres, que tiene que ver con el ejercicio de la autoridad paterna y, otras veces, con una falta de oportunidades profesionales para los jóvenes, cosa que les impide dejar el hogar paterno en un momento en que la dilatada permanencia en el mismo engendrará inevitables tensiones.

b) Conflicto femenino: Por cuestiones de la distribución del poder y del trabajo entre varones y mujeres dentro del hogar; se da especialmente cuando hay madres jóvenes a quienes resulta difícil compaginar su vida de trabajo externo con sus labores en el hogar.

c) Conflicto con la tercera edad: Con ocasión de la presencia de personas mayores en el hogar; ahora bien, este conflicto no es causado por el envejecimiento, sino por una sociedad y unos hijos que no saben encontrar solución al problema y lo que hacen es apartar a las personas mayores.

Vamos a prestar mayor atención al segundo de los conflictos, que suele ser el más frecuente y el que reviste mayor gravedad. Proviene de las tensiones de rol y de estatus que se crean entre hombre y mujer dentro del matrimonio o pareja. Ya biológicamente la relación sexual macho-hembra supone una inversión que para la hembra resulta más costosa. Por otro lado, la madre viene más sujeta a la cría de la prole, con lo cual el macho queda más libre para la función de fecundar nuevas hembras. Paralela y analógicamente, también en la especie humana la mujer ha de hacer una mayor inversión que el hombre en la vida sexual. Una consecuencia es la «hipergamia», concepto que explica la práctica femenina de emparejarse con hombres de mayor calidad, prestigio o estatus que la mujer. En todo caso queda patente que en el emparejamiento humano suele haber alguna desigualdad, que trata de solucionarse con algún tipo de estrategia de compensación, hasta el punto de que se llega a decir que «en el caso de las mujeres , su mayor pobreza con respecto a los hombres y su conducta de capitulación en la vida familiar no indican más que una escasa capacidad de negociación con los hombres y una deficiente conducta de salvaguardia» (13). Pero también podemos ver que tal juicio es parcial, pues olvida tanto las causas sociales del hecho como el deber que tiene el hombre de contraer matrimonio con una actitud no sólo de justicia sino también de benevolencia con respecto a su pareja.

    Las tensiones dentro del hogar ponen a prueba el grado de madurez de sus diversos miembros, pues es únicamente ésta la que permite superar aquellos conflictos de un modo positivo. Mas, como la madurez humana es un bien escaso, a menudo hay personas que no la tienen y, entonces, el conflicto estalla entre ellas de un modo agresivo. Y esta agresividad engendra, en los casos más negativos, el triste fenómeno que conocemos como violencia doméstica.
    

4.1.2. Violencia doméstica

Dicha patología comprende los malos tratos entre cónyuges, a menores y a ancianos dentro de la familia. Esa violencia puede ser física, psíquica y sexual. Uno de los principales problemas de este tema, para su tratamiento, es el desconocimiento que hay del mismo, porque a menudo los que sufren maltrato familiar no tienen la posibilidad o la valentía de denunciarlo. Esa violencia existe en todas las clases sociales, pero aflora más frecuentemente en las clases sociales más desfavorecidas.

«Los estudios consultados revelan que la violencia se transmite de generación en generación; de las agresiones familiares nacen agresores o víctimas (...) Una nota típica de hombres agresores es la creencia de tener el derecho de controlar a sus mujeres, por lo que utilizan la violencia como un mecanismo de ese control. Un elemento común en las mujeres víctimas de malos tratos es el largo tiempo que los soportan» (14).

Podemos hablar de dos tipos de violencia familiar:

a) Violencia-agresión (o violencia simétrica), en la cual la persona agredida es agresora a su vez, y así las disputas se van sucediendo tras periodos de calma.

b) Violencia-castigo (o violencia asimétrica), en la cual la violencia toma la forma de castigo de una persona hacia otra de menor categoría (por ejemplo, negligencia, torturas o falta de cuidados). En este tipo de violencia no hay pausa; el que la inflige la considera como un derecho personal, y el que la recibe tiene baja autoestima, por lo que dicha violencia suele permanecer oculta; el causante de dicha violencia no suele tener sentimiento de culpabilidad.

    Se habla de un ciclo de violencia doméstica, pues dicha violencia (sobre todo entre la pareja) suele pasar por varias fases sucesivas:
    
- 1ª fase: Las tensiones se construyen a partir de pequeños incidentes o conflictos, que ocasionan frustraciones
- 2ª fase: El agresor pasa a la acción con agresiones de determinado tipo.
- 3ª fase: De calma. El agresor intenta mostrarse cariñoso con la persona agredida, consiguiendo así mantener su relación personal con ella; pero este periodo de tranquilidad se rompe ante una nueva situación tensa que favorecerá la reaparición de la conducta agresiva, con lo cual el ciclo volverá a empezar.

La superación de estos problemas de la familia, u otros, no puede ni debe venir desde fuera, sino que ha de ser a través de los propios individuos que la componen. En el fondo son problemas de relación, y sólo mejorando esa relación podrán solucionarse.
    

4.2. Política de ayuda a la familia

En el interior de la unidad familiar pueden plantearse dilemas como el de si los padres han de sacrificar su comodidad a asegurar la de sus hijos, o el de si estos, cuando tienen los padres ya ancianos, han de sacrificar a los mismos su éxito profesional, conyugal o paternal. La solución de esos dilemas depende del tipo de inserción que la familia tenga en la estructura social:

- Con un nivel medio de recursos externos, la conducta de sus miembros será elástica, es decir, se adaptará a los cambios ambientales del contexto socioeconómico.
- Si el nivel de recursos de la familia es superior a un cierto umbral de riqueza o bien inferior a un determinado umbral de pobreza, en tal caso ya no hay elasticidad ni dilema, sino sólo rigidez familiar.

La rigidez impide reaccionar positivamente a los conflictos, que sólo pueden resolverse poniendo en juego una notable capacidad de adaptación. La flexibilidad, pues, es una garantía del éxito del buen funcionamiento de la familia y, por lo visto, está condicionada también a las posibilidades económicas de ésta. Por tal motivo la sociedad, que conoce la importancia en ella de la familia, cuida a ésta para que como institución se mantenga en un buen equilibrio, y procurar hacer una buena política de ayuda social a las familias.

    Dicha política comienza ya por orientar a las familias en el crecimiento que se espera de ellas, en vistas al equilibrio social de diverso tipo. Cuando ha habido necesidad de un aumento de la población, el Estado alienta la aparición de familias numerosas; en otros casos lo que hace es aconsejar la limitación de nacimientos; a menudo se ha aconsejado la tendencia al «crecimiento cero» de la familia, consistente en que cada pareja tenga únicamente dos hijos.

    De todos modos no actuaría bien el Estado que en esto presionara demasiado a sus ciudadanos, en vez de ayudarles a usar bien de su libertad y responsabilidad individuales. Ya lo dice I.  Alberdi (1995): «es preciso reconocer que unas relaciones familiares basadas en el libre consentimiento de sus miembros, que las ante programan a voluntad, como las modernas, son mucho más relacionales que las premodernas, basadas en la coacción o en la necesidad, puesto que permiten mucho mayor margen de maniobra a la hora de elegir mantenerlas, revocarlas o intentar modificarlas, en función de la mucha mayor variedad de alternativas que existen para ellas; este incremento de la libertad de elección racional en materia de comportamiento familiar resulta esencial».

    En el cuadro adjunto se puede apreciar que, en general, los países hacen un generoso esfuerzo por apoyar a la familia, y resulta extraño cómo nuestro país queda tan atrás en este asunto.


Todos los socialistas utópicos (Platón, Campanella, Owen) han proyectado la reforma o, más aún, la supresión de la familia en la sociedad: pero uno sólo que realmente la efectuó (Lenin, en la Rusia comunista) acabó con ello en el más estruendoso fracaso, hasta el punto de que su sucesor (Stalin) tuvo que hacer marcha atrás y volver a recomendar la familia tradicional, pues, aunque las intenciones eran buenas (eliminar el patriarcalismo, emancipar a los hijos y liberación de la mujer), la familia parece ser una institución natural cuyos cambios han de ser producidos por los cambios de la naturaleza misma, es decir, de la propia sociedad en su evolución histórica.

No podemos olvidarnos de hacer mención a la intervención pública del Estado, ya que está para regular la sociedad de tal modo que logre sus fines, por encima de las dificultades o problemas que dificultan ese propósito. En este sentido, el Estado sin forzar totalmente a la familia ni imponerle fines alíenos a la misma, la coaccionará en cuanto haga falta para que llegue a cumplir con los fines de ella, pese a los obstáculos que se interpongan.

Entendemos, pues, que una buena política familiar es necesaria, en la medida en que la sociedad humana no se halla en una situación ideal en la que la consecución de sus fines se logra de un modo fácil y espontáneo. La única condición requerida es que tal intervención se haga democráticamente, es decir, no sólo respetando los intereses de los individuos, sino haciendo que estos participen en las medidas reguladoras que se tomen.

 

 

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