LA FAMILIA ANTE LAS ADICCIONES
El tema de las adicciones es algo muy serio y, por lo tanto, ante casos de esta índole hay que actuar con gran cuidado y prudencia.
Para que una persona pueda superar su adicción, el primer paso es que admita que tiene un
problema de este tipo. Para ello, resulta muy importante que la familia, sus seres queridos, entiendan la situación por la que atraviesa y que le ofrezcan ayuda de forma desinteresada y, sin
ejercer presión (ya que en el caso de un adicto resulta contraproducente), se informen de las opciones que existen para darle tratamiento, la planteen las mejores, dentro de las que pueda tener
acceso y le den su apoyo incondicional en el proceso de rehabilitación, que puede ser en ocasiones muy largo.
Cómo se reconoce y se combate una adicción
Aunque todas las adicciones son nocivas, tanto para la persona adicta, como para los que le rodean, hay algunas que se reconocen y se combaten más fácilmente que
otras.
Los factores de personalidad tienen un peso dentro del desarrollo de la adicción. La baja autoestima y la intolerancia a la frustración, tanto por parte de la
familia, como del adicto, pueden empeorar la situación de forma alarmante.
Uno de los mayores problemas para el estudio y el tratamiento de este mal tan difundido, en la actualidad, es la creencia de que quien lo padece es una persona
viciosa, inmoral, incapaz de controlar sus emociones e instintos, y digna de desprecios o rechazo, cuando es precisamente a través de la compresión y el apoyo de quienes lo rodean como puede
encontrar la fuerza necesaria para su recuperación.
La rebeldía de los adolescentes se puede manifestar de diversas formas, pero lo realmente grave es cuando esta rebeldía se manifiesta a través de alguna adicción que
puede destruir sus metas, anular sus motivaciones, los aniquilan neurológicamente o directamente los mata. Durante esta etapa de la vida, caracterizada por los notables cambios que provoca el
desarrollo tanto físico como emocional, los jóvenes experimentan periodos de depresión durante los cuales, en el caso de tener acceso a drogas y experimentar su uso como parte de un patrón de
comportamiento seguido por el grupo al que pertenecen, pueden adquirir una adicción.

Es muy importante, por lo tanto, que los padres, en esta etapa de la vida, estén muy pendientes de sus hijos, que se hable con ellos sobre el tema, que se les deje
claro que la adicción es una enfermedad, pero que puede prevenirse si el adicto en potencia se mantiene alejado de factores de riesgo, como el consumo del alcohol y drogas.
Los hijos o las personas adictas necesitan saber que pueden confiar en sus padres. Para iniciar una charla a fondo es positivo que el adicto relate aquello que
considera que no es correcto en otros de su propia generación, que perciba que hay diferencias entre los hábitos ajenos y los propios. El diálogo por parte de la familia es primordial; escuchar
es fundamental, tratar que el diálogo no se convierta en discusión, e intolerancia, siempre se está a tiempo, siempre hay una nueva oportunidad para comenzar de nuevo.
Para las personas adictas, en este caso los hijos, es importante que:
- Perciban que las metas que los padres, proyectan en ellos, no son para el beneficio de los adultos, ni para el que dirían.
- La preocupación paternal y/o maternal va más allá, que realmente les interesa su futuro y son responsables de su propia vida.
- No basta la inteligencia, sino que también la voluntad.
- Es importante discernir entre lo que está bien y lo que está mal.
Por todo ello, es primordial que los padres estén convenientemente informados, de cuáles son las incertidumbres, contrariedades, y cuestionamientos que los hijos
tienen en las distintas etapas de su desarrollo:
- Que sepan cuáles son las señales que les envían cuando necesitan ayuda y comprensión.
- Que exploren e investiguen sobre las drogas, el alcohol y los desequilibrios modernos, para poder prepararse y preparar a los chicos adecuadamente, previniendo las
causas, y decidir valientemente y acertadamente ante las consecuencias.
- Hacerles notar que les interesa tanto su presente como su futuro y que, anhelan lo mejor para ellos.
- Colaborar ante los problemas de los jóvenes con la escuela, los profesionales, las diferentes campañas existentes, etc.
- Factores internos y sociales como detonante:
Factores internos y sociales son el detonante para que niños y jóvenes penetren en el mundo de las adicciones. La prevención enfocada a la exaltación de valores, la
confianza y el diálogo continuo se perfila como una solución viable para detener la alta incidencia.
La desintegración familiar es uno de los principales factores que influyen para que los niños y jóvenes sean presa fácil de las drogas y, es probable que, al no
sentirse identificados con su propio hogar, tiendan a integrarse en grupos de personas en los que en muchos casos, para ser aceptados, se ven obligados a consumir sustancias tóxicas.
Manuel González Oscoy, catedrático de la Facultad de psicología de la UNAM, explica que el abandono que sufren los jóvenes por parte de su familia, los orilla a
buscar compañía en otros medios donde se ven presionados por esos mismos grupos externos para probar las drogas: «La soledad que enfrentan los chicos de ahora como consecuencia de que ambos
padres salen a trabajar, aunado a la falta de información sobre los serios daños que las drogas causan en el organismo, influyen para que busquen en las adicciones una fuente de escape a los
problemas que enfrentan. En nuestro medio es muy fácil conseguir cualquiera de ellas, hay mayor oferta y esto es otro factor determinante para que los índices de drogadicción hayan alcanzado
máximos históricos».
Según el especialista, el ser humano tiende a repetir el modelo de vida familiar, por lo que destaca la importancia de que los padres eviten este tipo de conductas
dentro y fuera del hogar. Si un niño lo vive dentro del hogar difícilmente hará caso de los consejos verbales. Para que la enseñanza sea efectiva, debemos estar dispuestos a abordar el tema, a
prepararnos para poder hablar con conocimiento, pero sobre todo, es necesario que tengan la confianza para exponer sus dudas y que sepan que no serán reprendidos, incluso, si confiesan que en
algún momento las han probado o se las han ofrecido.
Para quienes se dedican a la venta de drogas, los niños que pasan largos periodos de soledad, sin la supervisión de un adulto, se convierten en blancos fáciles ya
que perciben su actitud introvertida o su rebeldía y se acercan a ellos para ofrecerles amistad, situación que aprovechan para inducirlos al consumo y después al tráfico de las
mismas.
En palabras del catedrático citado en líneas anteriores «Las conductas antisociales, los cambios físicos y la pérdida de interés en actividades que antes eran de su
preferencia, pueden ser una advertencia sobre la presencia de una adicción, pero también, el momento ideal para manifestarle al chico todo el apoyo, solidaridad y cariño para superar el
problema».
La comunicación entre padres e hijos, como ya hemos comentado anteriormente y la enseñanza con el ejemplo, de valores morales, representan el camino más seguro para
evitar que los adolescentes se vean atrapados en las drogas. El contar con el amor y el respaldo de la familia es de vital importancia no sólo para que no caigan en este problema, sino para
ayudarlos a salir de él a través de un proceso de rehabilitación.
Características del sistema familiar con alto riesgo patológico de adicción
Podemos señalar como principales características las siguientes:
a) Comunicación vaga, confusa e imprecisa: En la familia la generación de culpa entre sus miembros es una forma habitual; además destacan los mensajes ambiguos,
oscuros y con un grado de imprecisión notable.
b) Actitud de desconfianza entre miembros: Interacción negativa y desconfiada predominante en la familia. Los miembros dan mensajes negativos cuando se comunican
(críticas, descalificaciones, quejas...).
c) Límites generacionales difusos: A menudo los hijos de estas familias se ven expuestos a ambientes negativos debido a la existencia de límites generacionales
difusos con una frecuente competencia entre los padres. En ocasiones uno de los padres demanda lealtad del hijo al hacerlo partícipe de un episodio de infidelidad con un serio conflicto emocional
de la pareja parental generando en éste conflictos emocionales cargados de culpa.
d) Formación de coaliciones desadaptativas: Familia con tendencia a formar coaliciones para hacer «frente» a otro miembro. Por ejemplo a una madre que se alía con su
hijo contra el marido, colocando al hijo en situación de daño o una suegra al hijo en contra de la esposa.
e) Control rígido, agresivo o violento: No existe negociación en el control familiar. Este se da por la imposición rígida de los criterios parentales
(autoritario).
f) Dificultad en la expresión de la rabia: Padres e hijos revelan dificultad en la expresión de la rabia entre ellos (se esconde y/o «explotan»).
g) Desinterés por socialización del hijo: Padres muy preocupados por su éxito o placer, dejándolo de lado (solo o a cargo de la nana, de una vecina o
pariente).
h) Uso del castigo sin dar alternativas adecuadas: La violencia física y psicológica son las herramientas preferentes de la educación y control conductual de los
hijos (castigo físico o «chantaje» afectivo).
i) Padres desprestigiados: La negligencia parental, las mentiras y manipulaciones, la falta de cariño real, la falta de apoyo, etc., termina por desprestigiar a los
padres ante los hijos, los que no los ven como figuras de autoridad y respeto (carencia de correspondencia entre palabras y hechos).
j) Padres que proporcionan límites inconsistentes y actitudes incongruentes: padres que castigan o premian una determinada conducta del hijo dependiendo de su estado
de ánimo, y que verbalizan su rechazo a las drogas pero consumen alcohol a diario al llegar al hogar para «relajarse», revelando una actitud de negación ante su incongruencia.
k) Familias impredecibles e inestables: Familias sin estabilidad afectiva que varían de climas afectivos «tranquilos» a violentos permanentemente.
l) Normas rígidas e inhumanas: Reglas no personalizadas y que son producto de la situación emocional contingente de sus miembros.
m) Promoción de una autoestima negativa: Producto de la falta de consideración y cariño hacia sí mismo, los padres no son capaces de permitir que el hijo se quiera y
se respete, y muy por el contrario lo descalifican y humillan.
n) Enlace con la sociedad temeroso: Debido a un aislamiento y cerramiento de la familia, se genera una actitud familiar negativa hacia el resto de la sociedad
poniendo en ella la culpa de muchos que agobian a esta misma familia.
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